
Este título de una película de Francois Truffaut sería el epitafio que me gustaría figurara en mi lápida mortuoria.Pues tal como declarara en una entrevista sobre las féminas el gran Alfredo Bryce; yo como él, me quedé para siempre perplejo desde niño, primero cuando conocí a mi madre, luego a mis tías, primas y mucho más cuando tuve amigas. No lo hice metiéndome entre las faldas de adolescentes de grados superiores como Bryce, sino conversando, acompañándolas y tratando de entender su peculiar y maravillosa manera de ver el mundo desde que tengo uso de razón. Y es que las mujeres son fascinantes desde donde se les mire. Espero que se me entienda bien. No solo me fascinan las supermodelos o bellas actrices, aunque no puedo negar que me llaman más la atención, sino todas las integrantes de este género.
Pues nadie cuenta una historia como ellas, con detalles que puedan prolongar la conversación por horas, e inclusive desviar el tema inicial hacia otros tópicos desde los cuales es a veces difícil regresar. Nunca un hombre te dará detalles del color o tipo de ropa del protagonista de la acción, ni como estaba el clima en ese momento, ni te dirá como se siente mientras cuenta la historia. Asuntos que más que distraerme me van envolviendo hasta que muchas veces quedo mudo, contemplándolas, escuchando como tejen sus narraciones con maestría.
Esta virtud, al igual que otras, no se circunscribe a las mayores, entre ellas mis tías adoradas, sino a todas. Muchas veces he conversado con alguna amiga sin aburrirme, en un bar o en un café, por horas, al igual que con mi tía de 60 años y hasta con niñas de 6 u 8 que ya cuentan con gran capacidad comunicativa.
Otra cosa maravilosa es como pueden preocuparse en todo momento por su cuerpo y su ropa sin importar las cirucunstancias. Yo creo que solo en los casos de peligro de muerte dejan de sentir y revisar su cuerpo así como sus vestidos. Ellas siempre están alisándose el pelo,estirando sus blusas, viendo si se pusieron poco o mucho colorete, etc.
En cambio nosotros, basta que haya un encuentro deportivo o una reunión alcohólica de amigos para que a las horas nuestro peinado y atavío nos importe muy poco.
Podría enumerar muchas más cositas pero no quiero aburrirlos. Solo diré: !Que lindas son las mujeres! Conversar con ellas, hacer el amor con ellas, estar a su lado. No me cansaré de hacerlo y espero nunca se me aplique el título del primer libro de la extraordinaria trilogía de Stieg Larsson "Los hombres que no amaban a las mujeres", pues nunca seré uno de ellos.
Si alguna vez les he hecho un daño ha sido totalmente involuntario.Siempre las tendré en un altar, contemplándolas desde abajo como Bryce entre las faldas de las adolescentes de su colegio. Siempre esperaré que el tiempo me traiga más amigas buenas y leales con quien conversar, o una compañera para toda la vida. Que así sea.
