El gran OSHO fue un abanderado de la iconoclastia y sobre todo de la lucha frontal en contra de la supuesta autoridad que ejercen sobre nosotros sacerdotes y gobernantes. Esgrimió sus críticas en conversaciones interminables con discípulos que estupefactos contemplaban a un barbudo maestro que gozaba tirándose abajo la mayoría de sus certezas.
Una de sus frases que más me gusta es ésta: la vida se puede vivir como cálculo o como poesía.
Es lógico que la mayoría de nosotros optamos por la primera opción. Calculamos lo que decimos y hacemos pensando en los beneficios futuros que nos dará no decir o hacer lo que queramos. No decimos lo que pensamos de los que nos rodean por quedar bien, más si estos son nuestros jefes, autoridades o cualquier persona que pueda perjudicarnos si es que no les gustan nuestras opiniones. Y es que socializar es empezar a mediar tus opiniones sobre los otros, no decirle al compañero que realmente no tiene talento, a la amiga querida que no tiene cintura o a tu jefe que realmente no sabe donde está parado y que tu lo harías mejor. Los convencionalismos nos obligan a calcular lo que decimos y mucho más lo que hacemos.
Vivir la vida como poesía es aventurarse a salir la mayoría de las veces perjudicado, por esa chica que recién conociste y que no debiste invitar, por ese trabajo que no resultó como esperabas, por ese sueño que al cumplirse no cumplió tus expectativas.
Vivir la vida como poesía es arriesgarse todo el tiempo a sufrir sinsabores, desengaños y reprimendas. Es hacer cosas por el sólo hecho de hacerlas sin pensar en los réditos que pudiéramos sacar en el futuro. Hacerlas sólo por el disfrute. Algo muy fácil de decir pero muy difícil de hacer.
Sin embargo, para OSHO el riesgo es la única manera de vivir la vida a plenitud. Por que mucho del cálculo viene de evaluar lo pasado y pensar en el porvenir. Si uno no está en el presente es imposible arriesgar. Pues sólo arriesga el que sabe que sólo tiene este momento, este ahora y que el pasado y el presente sólo están en su mente.
La no-mente es el emblema de OSHO.
Algo realmente complicado en este mundo en donde se mide el éxito de las personas por el carro en el que se mueven o el celular que poseen. Por eso sería insólito que alguien se arriesgue a perder privilegios y comodidades sólo por vivir la vida como poesía, y estar en el presente.
Sin embargo, OSHO no deja de tener razón en algo. Nada nos hace sentir más vivos que los momentos en los que sólo estamos en el aquí y en el ahora como cuando volamos en un parapente, tenemos un orgasmo,contemplamos la sonrisa de un niño o de nuestra pareja o reímos de algo sin sentido, ¿Cómo prolongar esos momentos para sentirnos plenos todo el tiempo?
Para OSHO sólo se puede lograr con la meditación, pero eso es otra historia....
martes, 17 de noviembre de 2009
domingo, 27 de septiembre de 2009
El síndrome Lolita
En todo momento escuchamos historias de hombres mayores que dejan a sus esposas o parejas por mujeres más jóvenes. A veces son señores muy respetables y juiciosos, muy valorados en su entorno, pero algo que los hace perder la cabeza y lo arriesgan todo por seguir la ilusión de un amor juvenil.
¿Qué es lo que produce esa inevitable atracción por mujeres jóvenes? ¿Qué hace que arriesgen su estabilidad, su vida ordenada, por jugarse el riesgo con una fémina menor?
Desde mi punto de vista no son solo los atractivos físicos los que impulsan esas relaciones. Las parejas 40-20 no están sustentadas en la piel tersa de las jovencitas, en la falta de estrías o en la celulitis ausente.
Si fuera así bastaría un buen choque y fuga, como se dice hoy, con alguna ninfa menor para que el apetito se aplaque y la sed del cuarentón quede satisfecha.
Pienso que lo que más atrae a los mayores de las chicas jóvenes es el entusiasmo por una vida que recién empieza. El vislumbrar que hay todavía mucho tiempo para emprender cosas, muchas más horas en las que ellas van a buscar su destino. Todo un mundo que conocer y explorar allá afuera.
La ausencia de experiencia las hace deliciosas por que ven maravilladas como la vida se les abre de a poquitos. Como, en ese momento, lo que venga solo será responsabilidad suya y el entusiasmo y las ganas que le pongan determinará su porvenir.
Un hombre entrado en años ya pasó esa etapa. Ya olvidó lo que es alegrarse por un empredimiento que llega bien a su término. Por un trabajo bien realizado, por una acción social o una iniciativa cuidadana defendida con pasión.
Los golpes de la vida te van matando tus ilusiones de cambiar el mundo y muchos de tus sueños. Encontrar una joven que aún los tenga y que disfrute contigo mirando el porvenir que se avecina es una dosis adictiva difícil de dejar.
Por ello no todo son buenas siluetas y ausencia de arrugas en las relaciones 40-20 y sospecho que en este mundo práctico y cínico cada vez vamos a ver más de estos casos.
¿Qué es lo que produce esa inevitable atracción por mujeres jóvenes? ¿Qué hace que arriesgen su estabilidad, su vida ordenada, por jugarse el riesgo con una fémina menor?
Desde mi punto de vista no son solo los atractivos físicos los que impulsan esas relaciones. Las parejas 40-20 no están sustentadas en la piel tersa de las jovencitas, en la falta de estrías o en la celulitis ausente.
Si fuera así bastaría un buen choque y fuga, como se dice hoy, con alguna ninfa menor para que el apetito se aplaque y la sed del cuarentón quede satisfecha.
Pienso que lo que más atrae a los mayores de las chicas jóvenes es el entusiasmo por una vida que recién empieza. El vislumbrar que hay todavía mucho tiempo para emprender cosas, muchas más horas en las que ellas van a buscar su destino. Todo un mundo que conocer y explorar allá afuera.
La ausencia de experiencia las hace deliciosas por que ven maravilladas como la vida se les abre de a poquitos. Como, en ese momento, lo que venga solo será responsabilidad suya y el entusiasmo y las ganas que le pongan determinará su porvenir.
Un hombre entrado en años ya pasó esa etapa. Ya olvidó lo que es alegrarse por un empredimiento que llega bien a su término. Por un trabajo bien realizado, por una acción social o una iniciativa cuidadana defendida con pasión.
Los golpes de la vida te van matando tus ilusiones de cambiar el mundo y muchos de tus sueños. Encontrar una joven que aún los tenga y que disfrute contigo mirando el porvenir que se avecina es una dosis adictiva difícil de dejar.
Por ello no todo son buenas siluetas y ausencia de arrugas en las relaciones 40-20 y sospecho que en este mundo práctico y cínico cada vez vamos a ver más de estos casos.
miércoles, 1 de julio de 2009
Con más de treinta y solos
De un tiempo a esta parte existe en el Perú un nuevo grupo de parias y apestados. Aquellos a los que normalmente se les da una palmadita en la espalda, se les mira con pesar y cuando se marchan se raja a sus espaldas. Son los hombres y mujeres mayores de 30 que no estan casados o viven con alguien, que es lo mismo.
Esos del que todos dicen que "se les pasó el tren", que "algo raro deben tener" o que "sus gustos son diferentes". Esos seres raros que van solos a los cumpleaños, aquellos a los que cuando les va a enviar un parte para un matri les preguntan siempre: ¿Y con quién vas a ir, ahhh?, a pesar de que se sabe que no tienen pareja. Esos que las esposas temen invitar a las reuniones por que "puede darle malas ideas al marido".
Pues el que escribe estas líneas es uno de esos personajes extraños a mucha honra y abogo desde esta pequeña tribuna por una mayor tolerancia. Ya está bueno que solo los gays, lesbianas, nativos amazónicos y demás peleen por sus derechos. No, nosotros también tenemos nuestro corazoncito, ya basta de preguntar a toda mujer u hombre mayor de treinta: ¿Te casaste? ¿Cuántos niños tienes? Como si la realización personal dependiera de estar acompañado o de aumentar la población del planeta. Supongo que no tengo que explicar aquí el infierno que es para muchos soportar a su lado a alguien a quien ya no aman o mucho peor les es indiferente. Créanme que de todas las historias de infelicidad que he escuchado, muchas se circunscriben a la frase: ¿En qué momento me metí con esta mujer? o ¿Qué hice yo para que este hombre se cruzara en mi camino?
Sí, y la verdad que no puedo decir que soy el hombre más feliz del mundo, pero que me he librado de grandes amarguras, eso, sin duda. No niego que extraño pegarme a alguien en la noche y sentir latir su corazoncito, o levantarme temprano y tomar el desayuno juntos, pero apenas salgo a la calle y escucho las pesadillas de la convivencia en boca de amigos o conocidos, la nostalgia por la compañía se me va rapidito y valoro cada vez más mi soledad.
Pienso que los peruanos debemos avanzar, ser más tolerantes y buscar perspectivas distintas de las cosas. Así como las mujeres han logrado ya un sitial laboral en las empresas con su esfuerzo, pienso que las peruanos deberían hacerse menos paltas con nosotros. No se preocupen no les vamos a quitar a sus maridos ni a sus esposas. Tampoco estamos deseperados por conseguir a alguien, así que no se desvivan presentándonos a cuanto soltero/a se les ocurra. Déjennos tranquilos. Lo único que queremos es que no nos excluyan de las fiestas, que no sientan pena por nosotros y mucho menos que hablen de lo felices que son cuando todos sabemos que no es cierto. En todo caso aprendan a buscar su felicidad dentro de ustedes mismos y no a depositarla en un agente externo sea éste su pareja, sus hijos o sus padres. Probablemente así no sufran tanto si es que su matrimonio o relación termina o sus hijos se van.
Esos del que todos dicen que "se les pasó el tren", que "algo raro deben tener" o que "sus gustos son diferentes". Esos seres raros que van solos a los cumpleaños, aquellos a los que cuando les va a enviar un parte para un matri les preguntan siempre: ¿Y con quién vas a ir, ahhh?, a pesar de que se sabe que no tienen pareja. Esos que las esposas temen invitar a las reuniones por que "puede darle malas ideas al marido".
Pues el que escribe estas líneas es uno de esos personajes extraños a mucha honra y abogo desde esta pequeña tribuna por una mayor tolerancia. Ya está bueno que solo los gays, lesbianas, nativos amazónicos y demás peleen por sus derechos. No, nosotros también tenemos nuestro corazoncito, ya basta de preguntar a toda mujer u hombre mayor de treinta: ¿Te casaste? ¿Cuántos niños tienes? Como si la realización personal dependiera de estar acompañado o de aumentar la población del planeta. Supongo que no tengo que explicar aquí el infierno que es para muchos soportar a su lado a alguien a quien ya no aman o mucho peor les es indiferente. Créanme que de todas las historias de infelicidad que he escuchado, muchas se circunscriben a la frase: ¿En qué momento me metí con esta mujer? o ¿Qué hice yo para que este hombre se cruzara en mi camino?
Sí, y la verdad que no puedo decir que soy el hombre más feliz del mundo, pero que me he librado de grandes amarguras, eso, sin duda. No niego que extraño pegarme a alguien en la noche y sentir latir su corazoncito, o levantarme temprano y tomar el desayuno juntos, pero apenas salgo a la calle y escucho las pesadillas de la convivencia en boca de amigos o conocidos, la nostalgia por la compañía se me va rapidito y valoro cada vez más mi soledad.
Pienso que los peruanos debemos avanzar, ser más tolerantes y buscar perspectivas distintas de las cosas. Así como las mujeres han logrado ya un sitial laboral en las empresas con su esfuerzo, pienso que las peruanos deberían hacerse menos paltas con nosotros. No se preocupen no les vamos a quitar a sus maridos ni a sus esposas. Tampoco estamos deseperados por conseguir a alguien, así que no se desvivan presentándonos a cuanto soltero/a se les ocurra. Déjennos tranquilos. Lo único que queremos es que no nos excluyan de las fiestas, que no sientan pena por nosotros y mucho menos que hablen de lo felices que son cuando todos sabemos que no es cierto. En todo caso aprendan a buscar su felicidad dentro de ustedes mismos y no a depositarla en un agente externo sea éste su pareja, sus hijos o sus padres. Probablemente así no sufran tanto si es que su matrimonio o relación termina o sus hijos se van.
martes, 26 de mayo de 2009
Hazle caso a esa mirada
¿Qué pasaría si escucháramos más las voces de nuestra conciencia que nos invitan a abandonar el camino amoroso en el que nos encontramos y cambiáramos de rumbo?
¿Cuántas veces se nos cruza alguien atractivo en el gimnasio, nos sorprende una mirada en el cine o en la cola del banco y pensamos: ¿Yo merecería tener alguien así a mi lado, por que no sólo me parece atractivo sino por que siento que es una buena persona?
Sin embargo, casi siempre esas brevísimas ilusiones se diluyen rápidamente y nos empecinamos con la misma chica loca que nos hace renegar, con el mismo patán que no nos considera en su agenda o con el violento que se sulfura a cada rato.
¿Cuántas veces insistimos sólo por costumbre por el bendito refrán de más vale malo conocido que bueno por conocer? ¿Cuántas veces te has mirado al espejo y has dicho esta vez sí corto con él/ella, mañana sí lo/la dejo?
Si solo esos rostros nos hablaran, más directamente, con una voz altisonante que fuera imposible no prestarles atención o fueran telepáticos mensajes que penetraran nuestros cerebros sin tregua. Si solo nos pusiéramos más agudos y en vez de seguir como corderos el camino trazado, los escucháramos. Si sólo nos dejáramos llevar por los mensajes que el amor nos envía para hacer algo mejor de nosotros mismos, otro sería nuestro destino, y los finales rosas serían más comunes, ¿no creen?
¿Cuántas veces se nos cruza alguien atractivo en el gimnasio, nos sorprende una mirada en el cine o en la cola del banco y pensamos: ¿Yo merecería tener alguien así a mi lado, por que no sólo me parece atractivo sino por que siento que es una buena persona?
Sin embargo, casi siempre esas brevísimas ilusiones se diluyen rápidamente y nos empecinamos con la misma chica loca que nos hace renegar, con el mismo patán que no nos considera en su agenda o con el violento que se sulfura a cada rato.
¿Cuántas veces insistimos sólo por costumbre por el bendito refrán de más vale malo conocido que bueno por conocer? ¿Cuántas veces te has mirado al espejo y has dicho esta vez sí corto con él/ella, mañana sí lo/la dejo?
Si solo esos rostros nos hablaran, más directamente, con una voz altisonante que fuera imposible no prestarles atención o fueran telepáticos mensajes que penetraran nuestros cerebros sin tregua. Si solo nos pusiéramos más agudos y en vez de seguir como corderos el camino trazado, los escucháramos. Si sólo nos dejáramos llevar por los mensajes que el amor nos envía para hacer algo mejor de nosotros mismos, otro sería nuestro destino, y los finales rosas serían más comunes, ¿no creen?
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